Acerca de los juicios

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Acerca de los juicios

Hace unos días estuvimos hablando acerca de lo importante que era hacernos conscientes de nosotros mismo, procurar construir desde el interior y no desde la falsa idea de pensar que tenemos que cumplir con las expectativas de otros.

Sin embargo al tocar este tema, inmediatamente pensé en cuál debería ser la siguiente entrada al blog para construir una conversación, y es que ¿cuántas veces no somos nosotros los “jueces” en lugar de los “verdugos”?; cada uno de nosotros ha experimentado alguna vez el malestar que viene con la crítica o la desaprobación, ha soñado con un mundo libre en donde los demás entiendan, respeten y no sean tan ligeros para criticar, sin embargo, casi en paralelo tenemos una conversación interna con nosotros mismos, o con otros, en donde lo único que hacemos es invalidar a todos a quienes tenemos a nuestro alrededor.

Hombres y mujeres constantemente hablamos de un mundo “utópico” en donde nuestras acciones puedan librarse del peso de las opiniones de otros, sin embargo, también hombres y mujeres analizamos con lupa a todos los que caminan a nuestro alrededor y frente al menor gesto, acción u opinión que se opone a las nuestras, emitimos un juicio o una desaprobación.

Más allá de señalar el juzgar a otro como algo bueno o malo, quisiera que pensáramos en cuál es la sensación que trae consigo, ¿cómo nos sentimos nosotros al ser juzgados? ¿cómo nos sentimos después de emitir un juicio? La realidad es que detrás de un juicio generalmente siempre hay un sentimiento negativo, un sentimiento de invalidación, cuando somos nosotros el objeto de la desaprobación y algún tipo de moralismo cuando somos nosotros quien señalamos a otro; de un lado o del otro, la realidad es que los juicios nos hablan más de nosotros mismos que de otro.

Cuando logramos mirarnos a nosotros mismos con COMPASIÓN, si compasión, ese sentido de entender de dónde venimos, tener la objetividad de reconocer nuestras limitaciones y fortalezas y poder mirar desde ahí a los demás; solamente desde ahí podemos trabajar sobre nuestros juicios, entender que cada juicio que lanzamos esta directamente relacionado con un temor, una inseguridad o un falso moralismo que nos hace pensar acertados a nosotros y equivocados a todos los demás.

Lo cierto, para no ponerme demasiado densa (si es que esta entrada ya no fue lo suficientemente reflexiva, perdón me iba emocionando con el tema) es que no hay mayor libertad que la que se siente como somos capaces de ver a otro (acertado o equivocado, eso cada quien lo decide) andar por la vida, sin sentirnos en el derecho de juzgar sus acciones; lo cierto es que no hay mayor libertad que la de saber que podemos disfrutar de la vida, para aprender, ojalá sin tener los ojos ávidos de otro encima nuestro para calificar nuestros aciertos y equivocaciones.

Elisa Molano

@e_molano

*Los resultados pueden variar dependiendo de la persona.

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